The Mystery of Stone Ship ((in English and Spanish)(from the Satipo Jungles, Peru))

(A Legend out of the Jungles of Satipo)

English Version

(Advance) It’s a very old rock structure, brown, with a sandy like texture to it, about the size of a 17th Century Ship, it resides in the middle of the Perene Rio, in the Central Jungles of Peru, called Satipo. Deep within the jungle nearby this rock structure, lived a tribe of natives, the ‘Ashaninka,’ derived from the earlier natives called the ‘Arawak’ …I have visited an Ashaninka tribe myself; they are a warm hearted peaceful people, very creative in the arts. And so now for the Legend…:

Throughout the bloody and frightfully sixteen-hundreds, the so called Colonists (Colonos), with their slave ships, sought out the Ashaninka natives, for slaves, sold them to the highest bidder, in the Lima, and Huancayo markets, and in other parts of Peru, along with other cities of South America. The Colonists jammed an absolutely peaceful people into the guts of the ship; it was absolutely body to body. The officers were very cold and dehumanizing. The aftermath of these years took a toll; the Colonists had rapped the land like fire in dry grass-of its masses, putting them into slavery. These natives: insulted, frightened, none of them to return to their tribes. And the Colonists kept their recurrent surge up, keeping the slave-flesh, in the hole of the ship, with stale, deadly breath and putrid surroundings, many died on the journey to the markets, thrown over the stern of the ship for the fish and vultures to eat, once dead.

On a given day, something took place, that would mold into a legend, something, every Colonist would ponder on thereafter, and ship captains would forever take into account, when they’d sailed down the Rio Perene by what would be named-forevermore the ‘The Rock of Stone Ship.’

It was an atrociously hot day. The rain had stopped; the captain had anchored his ship in the middle of the river, scouts lowered a small vessel into the waters, turned the boat towards an orchard like opening of the jungle, they were to search for tribal members, and return to the ship with the information, where they were now, how many of them were useful as slaves. In the meantime the Captain and his crew remained waiting onboard.

In those days, the chief of the Ashaninka kept a look out for the ships. They knew what the Colonists were contemplating, and of course the ship was taller than anything in sight and filled a good portion of the center of the river, and it was of course a symbolical threat once seen. And on this hot summer’s day, it was seen by the chief, and his bodyguards.

The path the chief and his bodyguards were on came out on to the top of a hill; there they prayed that none of their kind would be kidnapped into slavery this day.

The scouts from the ship looked about spent quite a lot of their time trying to find stragglers, or the tribe itself, but they saw nothing, nothing but massive trees which shaded them from the hot sun, and would condemn them as they rested and fell to sleep, and when they awoke and went back to inform their captain of their fruitless search, they noticed suddenly the ship was gone. Refusing to believe the ship and its crew, and its captain could have left so anonymously, they moved about, but the only thing they found was a rock island mound in the middle of the river, that wasn’t there before, it resided where the ship had been anchored.

It was a brown structure, likened to the ship itself in design and some details, as if it was melted down from wood to soft stone, somewhat circular dimensions, the rock island being the same size of the ship, which was now covered with large ants, running about.

The Chief, now looking down from the top of the hill, could see the newly formed mound, and the three scouts standing on it, in disarray, he said nothing, just bowed his head.

Written 7-17-2009, in part, at the hotel in Satipo, while visiting the rivers and falls and natives of this Central, Peruvian Jungle

Spanish Version

El Misterio del Barco de Piedra

(Una Legenda de las Selvas de Satipo)

(Avance) Es una construcción de roca muy antigua de color marrón, con una textura arenosa, similar al tamaño de un barco del siglo diecisiete, éste reside en el medio del río Perene, en la Selva Central de Peru, en la ciudad llamada Satipo. Profundo dentro de la selva, cerca de esta construcción de piedra, vive una tribu de nativos llamada ‘Los Ashaninka’, descendientes de los primeros nativos llamados ‘Los Arawak’…Yo he visitado una tribu Ashaninka, ellos son personas pacíficas muy cordiales y muy creativos en las artes. Y ahora la leyenda…:

Durante los sangrientos y terribles años 1600s, los llamados colonos con sus barcos de esclavos, buscaban a los nativos Ashaninkas para esclavizarlos y venderlos al mejor postor en los mercados de Lima y Huancayo, y en otras partes de Perú, así como también en otras ciudades de Sudamérica. Los colonos, fríos e inhumanos, atascaban a esta gente pacífica en el interior de los barcos, era completamente cuerpo con cuerpo. Las repercusiones de estos años trajeron un número de víctimas, los colonos habían vejado esta tierra, como el fuego en pasto seco, de sus masas, poniéndolos en la esclavitud. Estos nativos insultados, asustados, ninguno de ellos retornaron a sus tribus. Los colonos mantenían su recurrente aumento, manteniendo la carne esclava en el hueco del barco, con viciado aliento mortal y alrededores putrefactos, muchos morían en el camino al mercado, siendo luego tirados sobre la popa del barco para que, una vez muertos, los peces y los buitres se los comieran.

Pero un día dado, algo tomó lugar que se moldearía en una leyenda, algo en que cada colono reflexionaría, y algo, en la que los capitanes de barco lo tomarían siempre en cuenta cuando navegaban por el río Perene, por los alrededores de lo sería llamado-siempre “La Roca del Barco de Piedra”

Era un atroz día caluroso, la lluvia había cesado y el capitán del barco había anclado en el medio del río, así los exploradores habían descendido a pequeños botes en el agua y se dirigían hacia una abertura de la selva, similar a una huerta, ellos iban a buscar a los miembros de las tribus y volverían al barco con la información de dónde se encontraban ahora, cuántos de ellos servirían como esclavos. Mientras tanto el capitán y su tripulación permanecían esperando en el barco.

En aquellos días, el Jefe de los Ashaninkas mantenía guardia sobre los barcos. Ellos, los Ashaninkas, sabían lo que los colonos estaban contemplando; y por supuesto, el barco era más alto que todo lo que se veía a la vista y ocupaba una gran porción en el medio del río, y era por supuesto, una amenaza simbólica una vez visto. Y en este día caluroso de verano, éste fue visto por el Jefe y sus guardaespaldas.

El camino que el Jefe de los Ashaninkas y sus guardaespaldas seguían llegaba a la cúspide de un cerro; allí ellos rezaron para que ninguno de su clase fuera secuestrado en la esclavitud ese día.

Los exploradores del barco miraron alrededor, emplearon bastante de su tiempo tratando de encontrar rezagados, o a la tribu misma, pero no encontraron nada, nada, sólo los árboles masivos que los protegían del sol caluroso y que los condenarían mientras ellos descansaban y se quedaban dormidos. Cuando ellos despertaron y regresaron a informarle a su capitán de su búsqueda infructuosa, ellos notaron repentinamente que el barco no estaba. Negándose a creer que el barco, su tripulación y su capitán podrían haber partido tan secretamente, ellos caminaron alrededor, pero la única cosa que ellos encontraron fue una isla de roca en el medio del río, que no estaba allí antes, ésta estaba donde el capitán había anclado el barco.

Era una construcción marrón, similar al mismo barco en diseño y algunos detalles, como si éste hubiera sido fundido de madera a piedra suave, de dimensiones un tanto circulares, la isla o montículo de roca era del mismo tamaño que el barco y ahora había sido cubierta con hormigas grandes corriendo por todos lados.

El Jefe de la Tribu, ahora mirando hacia abajo desde la cima del cerro podía ver al recientemente montículo formado y a los tres exploradores parados sobre éste en desconcierto; él no dijo nada, sólo inclinó su cabeza.

Escrito en parte el 17 de Julio del 2009, en un hotel en Satipo, mientras visitaba las cataratas y a los nativos de la Selva Central, en Perú.